Los mitos son historias en donde los protagonistas se convierten en seres divinos; son creadas por el hombre para explicar su realidad, el origen del mundo, los animales, plantas y el hombre. Se trasmiten de generación en generación y mantienen el sentido simbólico. La sincronicidad acompaña nuestros momentos y Aegina y el mito no fueron la excepción. Me di cuenta de ello a mi regreso a México.

El mito cuenta que Sísifo, quien era el rey de Corintio y considerado el más astuto de los hombres, una tarde vio a una enorme águila, más espléndida que cualquier otra; llevaba entre sus garras a una joven. Sísifo se dio cuenta que volaba en dirección a una isla que estaba en el centro del golfo. Cuando Aesopus, el rey de los ríos, le contó que habían raptado a su hija Aegina y sospechaba que había sido Zeus, Sísifo le dijo lo que había visto. El rey de los ríos le pidió ayuda para rescatar a Aegina y ambos hicieron un plan. Aesopus confiaba en Sísifo porque fue el único que logró ponerle grilletes a Tánatos y durante ese tiempo nadie murió.
Zeus se enteró; enfurecido, envió a Sísifo al infierno. Como castigo eterno, fue condenado a perder la vista y a empujar una roca hasta la cima de una montaña; justo antes de llegar a la cúspide, la roca rodaba hasta el lugar de partida. Sísifo había enfurecido a los dioses por su extraordinaria astucia.
Aesopus fue hasta la isla y en cuanto se internó en las montañas en busca de Aegina, Zeus lo destruyó con un rayo.
A la isla se le llamó Aegina, en honor a la joven ninfa que fue secuestrada por Zeus. Aegina tuvo un hijo, Aeacus quién fue el abuelo de Aquiles, a quién también le llamaron algunas veces: Aeacides, descendiente de Aeacus.
De acuerdo a la teoría solar, Sísifo es el disco del sol que sale cada mañana y después se hunde en el horizonte; simboliza también la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría.
Albert Camus (1942) utiliza el mito de Sísifo como una metáfora de la propia vida. Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar la roca y aún no tiene que comenzar de nuevo. Presenta el esfuerzo inútil e incesante, como una metáfora de la vida moderna que se consume en trabajos inútiles cotidianos.
Pensé mucho en Sísifo quién efectúa un movimiento “mecánico� eterno y sólo es libre en el instante en que se libera de él. Yo estuve ahí, con la voluntad dispuesta para trabajar de manera conciente, no mecánica, desde la rutina de lavarme los dientes, hasta en los momentos más profundos de la meditación. Un reto difícil, en ocasiones imposible.
Durante la ceremonia de apertura, recordamos a nuestros maestros. Evocamos a don Lucio Campos, quién fue elegido como temporalero por un rayo. Al hacerlo, “el viento� cerró de golpe la puerta del salón en dónde meditamos. El rayo simboliza la iluminación supraterrenal y durante el tiempo que don Lucio estuvo “inconsciente�, recibió el conocimiento. El rayo es un elemento contenido en el mito de Aegina, es el brazo de Zeus.
También agradecimos las enseñanzas de don Juan, a través de Carlos Castaneda. En el viaje a Aegina me (nos) acompañó “El Don del �guila�, en español y en griego.
Zeus se manifiesta en el mito de Aegina a través de un águila. Esta majestuosa ave se asocia también con el aire, el fuego y la fuerza fecundante masculina. El águila desciende desde lo alto con la velocidad del relámpago, abate con ferocidad a su víctima, por eso se considera la fuerza guerrera. Es el ave imperial de los Aztecas, en el cristianismo se asocia con el evangelista Juan, el profeta Elías y el Cristo resucitado. En el águila late el ojo ígneo de la visión; es indicio de lo que puede volatizarse, sublimarse y hacerse sutil. Es el triunfo de la imaginación y el espíritu sobre el caos material.
Desde la terraza de la casa en Aegina, al atardecer, cuando el sol bañaba el horizonte de carmín, nos preguntamos cuál sería el momento propicio para dar por terminado nuestro trabajo y en ese momento, una enorme ave, se posó sobre nosotros batiendo sus alas como un guerrero visionario que tiene el poder de ascender hasta los secretos del cielo.
Regresamos a Atenas, dejando atrás un profundo agradecimiento.
Por cierto, los poderes de Zeus, sólo se ven limitados por la Moira (destino)…

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